¿No festejás el día de la mujer? Yo te convenceré de hacerlo

Todos los años llega esta fecha y aparece la polémica por si festejar o no el día de la mujer. ¿Es correcto “festejar” un día que recuerda una época pasada (no muy lejana) en la que las mujeres no tenían los mismos derechos que los hombres?

Para mí, es obviamente un debate sin sentido. Cargado de lugares comunes y frases hechas, que no resisten el más mínimo análisis.

Si fuéramos machistas, ¿festejaríamos?

Hace unos años tuve la idea de enviar un email felicitando a todas las mujeres que conocía, con un pequeño texto y un poema, escrito por mí mismo. Increíblemente, entre las respuestas de agradecimiento, recibí algunos mails anti-festejo, muy agresivos y maleducados. Insultándome un poco y llamándome machista. Habían descargado conmigo la bronca que le tenían al festejo. ¿Machista yo? ¿Acaso estas chicas no piensan? Imaginen por un momento a un hombre o grupo de hombres machistas, ¿festejarían este día? ¿Festejarían un día que recuerda la igualdad de derechos de la mujer? Obviamente festejar este día no es un acto particularmente machista.

“Festejar esto es recordar la desigualdad” ¿Dejamos de festejar otros eventos también?

¿Por qué nadie se queja de que festejemos el día de la Independencia? ¡Si ya hace siglos que somos independientes! ¿Por qué nadie argumenta que festejarlo nos recuerda cuando éramos una colonia española? ¿Es “colonialista” festejar el día de la Independencia? Claro que no! Esa sola frase es un oxímoron, un contrasentido absurdo. Dejemos de festejar el día de las Malvinas también, si al final perdimos la guerra. No recordemos tampoco a los desaparecidos. Y si esos ejemplos les parecen exagerados, pidamos que no se festeje el día del niño. O el día de la secretaria. Recordar es muy importante, y necesario. Sobre todo eventos que no ocurrieron hace tanto tiempo, en nuestra historia. Recordar nos ayuda a no cometer los mismos errores. Recordar nos ayuda a valorar lo que tenemos y nuestros padres y abuelos no tuvieron.

No festejarlo sería desagradecido.

A alguien que no quiera festejar un día patrio lo considerarías traidor. A alguien que no quiere festejar algo que a vos te costó hasta la vida obtener, lo considerarías un desagradecido. Este día no se trata tanto de las mujeres de hoy en día que gozan de la igualdad de derechos entre géneros, no. Se trata de las mujeres del pasado que lucharon por obtener esos derechos. Es en memoria de ellas que se festeja. Las que lucharon por la igualdad laboral, las (y los) que lucharon por la igualdad política y el voto.

No convirtamos todo en una conspiración.

Aunque a algunos les cueste creerlo, el día de la mujer no fue inventado por un consorcio de vendedores de rosas y bombones. ¿Cómo alguien puede pensar eso? El que dice que esto es un festejo comercial, primero que se está copiando de forma patética de conspiraciones que se cuentan sobre otros festejos, no este. Y segundo, está asumiendo que algo es comercial, cuando no lo es; al menos no necesariamente. Hay millones de formas de festejar este día. Sin gastar un peso.

La igualdad no está garantizada.

No olvidemos que existen actualmente muchos países en el mundo donde las mujeres no gozan de los mismos derechos. Festejar este día es una forma de recordarlas a ellas también. El que piensa “¿para qué festejar si ya somos iguales?” se olvida completamente de esas mujeres. Este día se puede aprovechar para recordar que esta es una lucha que todavía no se ha terminado.

La igualdad no es igual a la igualdad que es distinta a la diferencia de igualdad desigual.

Pequeño trabalenguas con el que quiero hacer notar que las palabras “igual” y “distinto” se usan con mayor o menor rigor en su significado.  Digamos que hay igualdades más iguales que otras. Son cosas muy distintas decir que “las mujeres y los hombres son iguales (en sus derechos laborales)” que “las mujeres y los hombres son iguales (en sus órganos internos)”. Hay diferencias sí. Hay similitudes, también. Pero nunca olvidemos de qué tipo de “igualdad” estamos hablando en este día. Y lo mismo al usar la palabra “machismo”. Tener un gesto “machista” no te convierte en un “Machista”. Así como tampoco tener un gesto positivo en este día te exonera si sos sexista en tu forma de pensar o actuar. Que de hipócritas estamos llenos, pero no por un par de hipocresías vamos a condenar a todos.

Antes de criticar, piensa en positivo.

Si te molestan cosas como estas, antes de enojarte con un amigo que te envía un poema y lloverle con un discurso negativo y pesimista, recitado de oído sin siquiera analizarlo un poco, podrías intentar otra cosa. Hay quienes consideran, por ejemplo, injusto festejar el día del “descubrimiento de América”, pero la opción que proponen no es el olvido y la negación. Proponen conmemorar a los nativos y los pueblos desaparecidos. Cambiarle el nombre y con ello protestar y recordarnos cómo fueron realmente las cosas. Si el día de la mujer te parece injusto, pide que también exista un día del hombre! O pide que lo llamen “día de la igualdad de género”.

Festejar es bueno.

No pensemos en quitar motivos de festejo a nuestras vidas. Pensemos en todo lo que se ha logrado y lo que falta lograr. Pensemos que los que vienen a congratularte lo hacen con lo mejor de sus intenciones. Veamos este festejo como lo que es realmente, un intento de congraciar, los ritos son necesarios. Reconozcamos en este un día en el que demostramos nuestro cariño a nuestros seres queridos, como el día del amigo, el día de la novia, del ahijado, del padrino, etc. Recordemos que conmemoramos la igualdad de géneros, pero también pensemos que este es un día en que celebramos las sutiles diferencias, contemplamos con cariño y romance aquello que las distingue.

Bueno, si llegaste a leer hasta acá, espero haberte convencido de por qué festejar en este día es una buena idea y así tengas un tema menos en tu vida para rezongar.

Ah, y feliz día a todas las mujeres en su muy merecido día. Ojalá las llenen de cariño y mimos.

Por cierto, hay varias fechas propuestas para festejar el día internacional del Hombre.

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Chau inggenia.com.ar

He decidido eliminar finalmente el dominio inggenia.com.ar que hace un tiempo redirige a n3ri.com.ar. Como veo que todavía tiene algunos subscriptos al feed con ese nombre, este es un aviso para que se pasen al nuevo y eliminen el viejo.
La nueva dirección es: www.n3ri.com.ar/feed o http://feeds.feedburner.com/n3ri

A partir de ahora no habrá más redirección 301 y el dominio dejará de existir.

Aprovecho la oportunidad, para invitar a aquellos que todavía no me agregaron a su lector de feeds a que lo hagan, no se van a arrepentir.

Gracias

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Deja Vù (y otros fenómenos similares)

Hoy tuve otro deja vù de esos “difíciles de explicar científicamente”. Uno de esos en los que no sólo sentís que algo ya lo viviste, sino que además podés decir “y ahora va a pasar tal cosa” y ocurre. Me suele ocurrir seguido.
El nombre científico de este fenómeno es paramnesia. Pero es ampliamente conocido como “Deja Vù”, del francés “ya visto” que, como la mayoría sabrá, es esa sensación de que ya experimentaste un hecho que estás viviendo en ese momento. Es algo que a todo el mundo le pasó en algún momento.

Lo que les quería contar es que existen otros fenómenos parecidos, o podríamos decir tipos de deja vù:

Déjà véçu o “ya vivido”. Es el fenómeno del que la mayoría hablamos cuando decimos haber experimentado un “deja vù”. “Esto ya lo viví” solemos decir.

Déjà visité o “ya visitado”. Es una experiencia menos frecuente, en la que se experimenta la sensación de ya haber estado anteriormente en un lugar nuevo.

Déjà senti alude a lo “ya sentido”. A veces ocurre que experimentamos una sensación familiar, pero no está unida al recuerdo que la genera. Sentimos algo, sentimos que no es la primera vez que lo sentimos, incluso sentimos que “algo” lo causaba, pero no recordamos qué. Un ejemplo de esto podrían ser los escalofríos.

Jamais vu o “nunca visto” es un fenómeno relacionado. O se podría decir que es lo contrario al deja vù. Es el no recordar una situación familiar. Es la sensación de estar experimentando algo por primera vez, aunque no sea así, incluso sabiendo “racionalmente” que no es la primera vez. La persona momentáneamente no reconoce un lugar, una persona o una palabra que debería serle familiar.

Presque vu o “casi visto” es el fenómeno generalmente conocido como “lo tengo en la punta de la lengua”. Es la sensación de casi recordar algo pero sin llegar a hacerlo. Recuerdas que esa persona es familiar, recuerdas que la conoces de algún lado, pero no de dónde ni quién es. Es saber una palabra, recordar que se la ha usado, pero no poder decirla.

L’esprit de l’escalier o “el ingenio en la escalera”, es la situación que muchas personas describen como “se me ocurrió demasiado tarde”. Puede ser desde una respuesta ingeniosa a algo que nos dijeron hasta un recuerdo que necesitábamos con anterioridad y ahora ya no nos sirve. Incluso una solución a un problema que ya resolvimos de otra manera (o dejamos sin resolver y ya es tarde). Incluso cuando tienes un presque vu, la gente suele decirte “déjalo, piensa en otra cosa y al rato el recuerdo te saltará repentinamente” Y es cierto, si nos distraemos, suele ocurrir que después de un tiempo recordamos lo que queríamos rememorar.

Bueno, estos son los fenómenos que describe la wikipedia. Pero yo podría agregar algunos más (no sé francés, así es que voy a inventarme los nombres):

Soñe vù o “¿esto lo viví o lo soñé?” Algunas personas (como mi caso) tenemos sueños muy vívidos y muy relacionados con nuestra vida cotidiana. Y recordamos muchos sueños, cosa que a la mayoría no les pasa. Bueno, suele ocurrirme de vez en cuando que no sé si algo lo soñé o realmente lo viví. Y es debido a que pude tener un sueño muy realista relacionado con algo que me pasó y luego cuando lo recuerdo, me cuesta diferenciar las experiencias. Por ejemplo: soñar que hablabas con un amigo y le contabas algo; y días después decirle “pero si esto ya te lo conté” (no, nunca se lo contaste)

To do vù o “tengo que hacer algo”. Llega una determinada hora, o estoy en un determinado lugar y tengo la sensación de que tenía que hacer algo. Recordamos que al llegar a casa debíamos hacer algo, pero no qué era lo que debíamos hacer. Es gracioso, es como que la “alarma” interna se activa, pero no activa el recuerdo asociado. Algo parecido es el caso de anotar en la agenda algo y luego no recordar qué quisimos decir. “Hablar con Pablo”. “Cajonera”.

To did vù o “tenía que hacer algo”. Esto parece ser que sólo me pasa a mí. Tengo algo que hacer y lo hago, pero luego no recuerdo que ya lo hice. Es como que no actualizo la información en mi cabeza y sigo pensando que todavía lo tengo que hacer. “Tenía que contarte lo del nuevo trabajo” – “Neri, ya me lo contaste”. Es que pienso tanto en que debo hacer algo, que ese recuerdo queda grabado tan fuerte, que supera al recuerdo del momento en que ya lo hiciste.

Distinto vù o “vos dijiste, yo dije”. Un fenómeno que siempre me llamó la atención. Dos personas, que estuvieron en el mismo lugar, vivieron la misma experiencia, pero la recuerdan muy distinto, incluso de manera contradictoria. Asumamos por un momento que ambas personas son honestas, ninguno miente, realmente creen lo que afirman. Es el clásico “vos dijiste esto, yo no lo dije”. Me parece fascinante porque ponen en evidencia lo frágiles que son nuestros recuerdos en realidad y cómo rellenamos ciertos espacios con nuestra imaginación, para que tengan sentido en el contexto de lo que recordamos. Generalmente nuestra mente no se inventa todo un recuerdo enorme, pero hay veces que una pequeña diferencia cambia todo el sentido del recuerdo en sí. Una pequeña frase o un gesto o un objeto que recordamos que en realidad, nunca existieron.

Invente vù o “lo que no entiendo lo invento”. Yo siempre digo que si mi madre, mi hermano y yo viéramos una extraña luz en el cielo, mi madre diría que era la Virgen, mi hermano que era un OVNI y yo que era un extraño meteorito. Y es que nuestros cerebros intentan entender las experiencias extraordinarias, completando los agujeros con pedazos de cosas familiares. Mi madre es religiosa, jamás vería un platillo volador en esa mancha lumínica que flota en el firmamento. Su imaginación intenta explicarlo y usa el material que tiene. Lo mismo con mi hermano y conmigo. El problema es que esto no ocurre sólo en casos extremos, ocurre a diario. Lo noto cuando explico temas “informáticos” a alguien que no es del palo. Si le pido que me lo vuelva a decir con sus palabras, surgen inmediatamente esos “rellenos imaginativos” que inconscientemente usaron. Y eso me sirve para entender qué parte les quedó claro y qué parte “tuvieron que imaginar”.

Dialoga vù o “no sé quién lo dijo, pero lo dijo”. Otro que tal vez me ocurra solamente a mí o a unos pocos más. Hay veces que recuerdo toda una conversación, lo que dije, lo que me contestaron, lo que pensé… pero no quién estaba presente, ni qué tenía puesto, ni nada “visual”. Por alguna razón, tengo cierta facilidad para recordar diálogos. Pero a veces no puedo recordar con quién estaba hablando. “¿Te lo conté a vos o a mi otro amigo?” “Estabas vos, tu hermano y quién más?¿No?¿Tu hermano no estaba?”

Y ustedes, ¿qué otros fenómenos de estos agregarían a la lista? O si prefieren contar experiencias con algún deja vù inexplicable. ¿Qué explicación le dan a estos fenómenos? ¿De dónde vienen?¿Sirven para algo?

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Gustos musicales

¿Cómo se forman nuestros gustos musicales?
Pensá en el grupo, cantante o estilo musical que te gusta, ¿por qué te gusta? ¿cómo llegó a gustarte?

Cuando era chico y empezaba a salir y hacer amigos, mis primeros pasos en mi vida social, me enfrenté al siguiente predicamento: Tenía amigos de grupos muy distintos, y por tanto sus gustos eran diferentes también. No sólo en lo que hacían, cómo vestían, dónde se reunían y los temas de los que hablaban eran distintos, sino también, y principalmente, en la música que escuchaban.
Y yo ahí estaba, ¿cuál se suponía que era la música que me gustaba a mí? A diferencia de todos ellos, yo no podía definirme, no podía decantarme por un único género. Mis amigos cumbieros sólo escuchaban cumbia (y más tarde cuarteto y cumbia villera). Mis amigas del barrio cheto escuchaban pop todo el día, fanáticas de BSB . Otro grupito que escuchaba rock nacional. Finalmente yo, cuando estaba solo en casa o con mi novia escuchaba música más tranquila, romántica y melódica.
Generalmente la gente decanta por un grupo de amigos, un estilo de música y una forma de vestirse y actuar. Porque en la adolescencia la música que escuchás es bastante significativa, tal vez en la juventud y madurez no sea así e intervengan otros factores (como el lugar de trabajo)

En aquel entonces, llegué a dos conclusiones: nos gusta lo que reconocemos, encontramos familiar, lo que sentimos “propio”; y la repetición hace al gusto.
Lo sospeché cuando después de tanto escuchar BSB me terminó gustando (al principio, recuerdo muy bien, no me gustaba). Y lo confirmé ahora, que de tanto estar bajo el influjo del reggaeton que escucha mi hermana todo el día, terminó agradándome. Si bien no es de mis estilos favoritos, noto que cuando empieza a sonar un tema de esos que involuntariamente escuché mil veces, se activa algo en mí, lo “reconozco”, me es familiar, empatizo mi humor con el del género y “me dejo llevar” por el ritmo. Exactamente lo mismo que me pasa con otros géneros que me gustan más.

Y la industria de la música lo sabe perfectamente. Por eso los nuevos cantantes son “apadrinados” por cantantes ya consagrados. Por eso las bandas imitan lo más posible a los de su género al principio, para luego intentar diferenciarse y hacerse un nombre. Por eso en la radio te van poniendo lo nuevo junto con lo viejo (en vez de hacer, por ejemplo, media hora exclusiva de éxitos y media de nuevos). Te la van metiendo de a poquito, y para cuando te diste cuenta, ya te gusta el nuevo tema o el nuevo grupo. Si hasta juraría que cuando “queman” un tema, es a propósito, para darle espacio a lo que se viene.

Es inevitable, si los dejás, si les das permiso, los distintos géneros musicales generan distintos estados de ánimo. No sólo los acompañan, también los generan. En general, cuando estás bajón, tenés ganas de escuchar música bajón… y así seguís bajón. Y si estás en la cima del mundo, con toda la energía y unas ganas de joda terribles, escuchás música acorde. Pero por ejemplo, ¿nunca te pasó estar en una fiesta, con todo el entusiasmo del mundo, y que el boludo que está a cargo de la música “pincha” el ambiente y de repente eso hace que todos se aburran, se calmen y se quieran ir a sus casas? Lo peor que podés hacer cuando estás depre, es escuchar música depre (y es lo que siempre hacemos). La próxima vez que estés deprimido, intentá poner música muy alegre y movida, al principio te vas a sentir “incómodo”, pero a la larga, te va a curar la depre. Si tu novia te dejó, escuchá heavy metal.

Y yo me pregunto: ¿Es tan simple como esto? ¿Nuestra personalidad decide nuestros gustos musicales como creemos, o son estos los que nos marcan el comportamiento?
¿Te juntás con tus amigos cumbieros porque a todos les gusta la cumbia… o les gusta la cumbia porque es lo único que escuchan cuando se juntan y porque sólo se juntan con otros a los que les gusta la cumbia?
¿Escuchamos siempre esa misma radio FM porque pasan la música que nos gusta y que va con nuestra idiosincrasia o la radio que escuchamos define, genera, crea, moldea nuestro gusto musical?
¿Si por un período de unos meses o años escucho música de un determinado género, distinto a lo que venía escuchando, modificará mi personalidad de alguna forma? o simplemente seré el mismo de siempre pero que escucha otra cosa. Yo soy solitario y romántico porque escucho lentos todo el día, y vos sos alegre y extrovertida porque escuchás latinos y tecno o de tanto ir al boliche a bailar desarrollaste esa personalidad?
¿Se puede tener gustos musicales muy distintos a lo que se esperaría de uno según mi lugar de residencia, amistades, personalidad y lo que escuchan los que están a mi alrededor?
¿Los amigos definen lo que escuchamos o lo que escuchamos definen los amigos que buscamos y encontramos?
¿Qué tan difícil es entablar una amistad con alguien que tiene gustos musicales marcadamente contrarios a los nuestros? ¿Puede alguien así ser parecido a vos en algo como para interesarle tu amistad? ¿Cumbieros amigos de emos? ¿Rolingas amigos de amantes de la música clásica? ¿Adictos a la salsa saliendo a bailar a un boliche tecno? ¿Rastafari escuchando bandana con su amigo metalero?
¿Qué tanto de tu personalidad se lo debés a la música que escuchaste cuando eras adolescente?

Sí, ya sé… otro de esos temas que sólo a mí me preocupan. O tal vez estoy diciendo una obviedad. ¡Qué le vamos a hacer!

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